Ecuador en resistencia

José Ernesto Nováez Guerrero

La situación actual en Ecuador tiene numerosas interconexiones con el pasado reciente del país y con lo que está ocurriendo a escala regional. Nuevamente es Latinoamérica escenario de una feroz disputa donde, más allá de los numerosos matices que se pueden señalar a todo proceso social heterogéneo, emerge la contradicción esencial entre amplios sectores populares y las oligarquías que dominan sus países.

El pueblo ecuatoriano tiene además, para comparar, los indicadores de nivel de vida y económicos alcanzados por el país en el decenio de la Revolución Ciudadana, los cuáles fueron rápidamente deteriorados por las políticas del expresidente Lenín Moreno y continuadas por el actual presidente Guillermo Lasso.

Para arrojar un poco de luz sobre el escenario actual, conversamos con la socióloga ecuatoriana Irene León, quien ha seguido de cerca los hechos. Irene es también coordinadora del capítulo Ecuador de la Red en Defensa de la Humanidad.

Nuevamente Ecuador se ve sacudido por fuertes protestas, ¿cuál es la raíz de este nuevo ciclo de lucha popular?

Ecuador lleva más de dos semanas de paro popular. Es un proceso que ha logrado movilizar al país como nunca antes. El motivo principal es que el gobierno del conservador Guillermo Lasso ha agudizado la reinserción de la nación en dinámicas neoliberales y neocoloniales. Principalmente aquellas que resultan de una adhesión ciega a todas las instancias del capital y sobre todo a las instituciones financieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Se ha aplicado sin ambages un gobierno de y para el capital financiero. Colocando incluso los intereses de ese sector en todos los espacios de poder como si fueran prioridades, incluso como sinónimos de economía nacional. Hay un ritmo frenético de retorno del interés privado, por lo general transnacional, a las áreas estratégicas: petróleo, energía, telecomunicaciones, alimentación y otros. Está también muy acelerada la privatización de todos los bienes públicos, que no obstante su éxito, están en una verdadera subasta bajo los criterios neoliberales de devaluarlos para entregarlos luego por nada al sector privado. Estos son apenas unos ejemplos del acelerado desmantelamiento de lo público en beneficio del sector privado. Como consecuencia el pueblo ha vuelto a unos índices de despojo e inseguridad en todos los campos que se creía habían quedado atrás con las políticas redistributivas y populares que operaron entre 2007 y 2017 con la Revolución Ciudadana.

Las protestas hoy se articulan en torno a Diez Puntos: reducción del precio del combustible; alivio económico a las más de cuatro millones de familias endeudas con una moratoria de la deuda de al menos un año; precios justos para un grupo de productos básicos; políticas de empleo y derechos laborales; moratoria a nuevas concesiones mineras y extractivistas y pago de una indemnización por el daño ecológico; respeto a los veintiún derechos colectivos de los pueblos indígenas; alto a las privatizaciones sobre todo en sectores estratégicos; políticas de control de precios que frenen la especulación; un presupuesto urgente para atender salud y educación y políticas de seguridad y protección para frenar la ola de violencia y el narcotráfico en el Ecuador.

¿Cómo han incidido las medidas neoliberales tomadas por el gobierno en los sectores populares?

Tenemos un neoliberalismo radical que se ha ensañado con el pueblo ecuatoriano en los últimos cinco años, en particular en este último, donde ninguna de las medidas o decisiones que toma el gobierno tienen que ver con las necesidades populares. Y no exagero. Por el contrario ha hecho todo para precarizar la vida de todo el mundo, especialmente la vida campesina y rural. Se ha desmantelado la pequeña producción y sus medios de supervivencia. Se ha propiciado el retorno de las corporaciones transnacionales y diversidad de otros actores económicos que no tienen ninguna noción de patria.

Y así, en esa desinstitucionalización, se eliminaron todas las instancias regulatorias del mercado. Ya liberadas de esa condición de tener algún control del Estado, cualquier corporación, empresa, quien sea, hace lo que quiere aquí. Está entonces la puerta abierta a todos los abusos que resultan del modelo neoliberal y como ya te dije neocolonial y racista. Ecuador vive una suerte de síntesis de la disputa que se expresa en América Latina y el Caribe por la orientación de nuestras sociedades. Ecuador tiene por un lado una Constitución de las más avanzadas de la región que tiene como horizonte el socialismo del “buen vivir”. Entonces hay un proyecto alternativo al capitalismo, al neoliberalismo y una búsqueda como en otras partes de América Latina de colocar la vida, la sociedad y no los intereses del capital en el centro. Y por otro lado está la disputa contra un neoliberalismo agresivo acompañado de articulaciones de la extrema derecha que buscan el control de nuestros pueblos.

Guillermo Lasso, el presidente, es un banquero que prioriza, insisto, estos intereses del capital financiero y sus entornos económicos, políticos y geopolíticos. Están obsesionados con ese enfoque, con el enfoque neoliberal. Entonces son grupos de interés económico pero también son grupos ideológicos, que no obstante la evidencia de las desigualdades que genera el capitalismo lo imponen como doctrina. Poco importa para ellos los resultados. El neoliberalismo es un fracaso de amplio alcance. Es ideológica la imposición que busca presentarlo como el único horizonte posible.

Lasso además de ser un conservador es un militante de la extrema derecha internacional y participa activamente en organizaciones tales como el Opus Dei y otras parecidas que se levantan con ideas racistas, sexistas y neocoloniales. Su política internacional refleja eso. Expresa una alineación irrestricta a los intereses estadounidenses que incluye, por ejemplo, la incorporación del país a iniciativas que están llevándose en torno a la OTAN. Ecuador ingresa a partir de enero del próximo año como miembro del Consejo de Seguridad en reemplazo de México y como tal ya está asumiendo agendas y compromisos.

¿Por qué es precisamente el sector indígena la cara más visible de la lucha? ¿Qué otros sectores y clases se han sumado?

Este paro, encabezado por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) tiene una convocatoria amplia. En realidad es el movimiento indígena y campesino, sus cinco filiales que no son solo la CONAIE, el que convocó a esta movilización. E inmediatamente convergieron otros actores con ideas similares, lo cual la convierte en una movilización muy heterogénea, en la que están actores del movimiento de trabajadoras y trabajadores, el movimiento feminista de mujeres y de la diversidad sexual, etc. Están incluso actores organizados que hasta hace muy pocos días eran del bloque de Lasso, por ejemplo el sindicato de médicos, de maestros, entre otros que hasta hace poco eran parte del entorno que aupó al hoy presidente. Es una movilización intersectorial, muy potente, que se ha extendido a todo el país. Y es esa su fuerza y es por eso que aún resiste. El pueblo tiene aspiraciones de dignidad y han expresado en distintos momentos iniciativas de resistencia permanente en estos cinco años. De hecho en octubre de 2019 era el mismo esquema de movilización. 

¿Cuál ha sido la reacción del gobierno ante las masivas protestas populares?

La respuesta del gobierno ha sido desmesurada. Hemos tenido estado de excepción en casi todo el país. Sin dudas no hubo estado de excepción total para no propiciar que se declare en conmoción al país y que eso pueda ser un punto para aplicar medidas contra el presidente. También desde el inicio, además de este estado de excepción que vulnera los derechos humanos, legales y civiles, ha habido una fortísima campaña de criminalización de los derechos, de criminalización de la política. Como es sabido aquí ya vivimos en un estado de judicialización de la política desde hace cinco años. Entonces hay persecución y no una respuesta a los reclamos populares.

Los medios de comunicación han actuado como caja de resonancia de esa postura del gobierno de declarar que la movilización es terrorismo, narcotráfico, vandalismo, etc. Incluso asociar a los pueblos indígenas, al campesinado, a la gente empobrecida con esos epítetos. Los medios están haciendo una campaña de satanización de los pueblos indígenas y los movimiento populares, sin olvidar al movimiento Revolución Ciudadana, que la derecha llama “correísmo”, al que sin duda se le imputaran muchas culpas luego de esta movilización. Otra estrategia del gobierno ha sido el desgaste. Dejar pasar el tiempo sabiendo que la movilización indígena, campesina y popular no se hace en buenas condiciones de logística. La gente que se ha desplazado a Quito en estos días se ha topado con un clima excepcionalmente frío y no han tenido buenas condiciones para operar. Entonces el desgaste apuesta por dejar pasar el tiempo sin dar respuesta a los Diez Puntos. Entre tanto, el movimiento Revolución Ciudadana, que es el bloque mayoritario en la Asamblea Nacional, ha propuesto la aplicación de una artículo constitucional que prevé que en caso de conmoción nacional como la que vivimos ahora el presidente pueda ser cuestionado y hasta revocado. Esa convocatoria ha sido asumida en la Asamblea pero el debate también ha tomado un ciclo largo. Ya van dos sesiones de muchas horas y se sigue posponiendo para un día ulterior y probablemente no tenga los votos necesarios para que ese artículo sea aplicado. Sin dudas lo que lo que se propone el movimiento Revolución Ciudadana es transparentar que hay soluciones políticas posibles y que no hay necesariamente que aceptar esta violación de los derechos humanos inclemente, que ya lleva cinco muertos, ciento cincuenta personas heridas graves y eso sin añadir las que no están contabilizadas, porque han sucedidos cosas en el campo, niños y niñas desaparecidos, etc. El movimiento propone encontrar una nueva vía con votos y no con balas. Si se aplica ese artículo constitucional salen todos los poderes electos, el legislativo y el ejecutivo y se convoca a elecciones nuevamente. Pero probablemente esto no sucederá.

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